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Tengo un problema, no se recibir

Tengo un problema, no se recibir

La semana pasada me dieron el premio a la mujer del año en emprendedurismo.

Y hay algo que no conté.

Recibí muchísimos mensajes.
De cariño.
De orgullo.
De amor.

Y me encontré en una situación muy rara.

No sabía cómo responder.

Abría los mensajes, los leía…
y los volvía a cerrar.

No porque no quisiera contestar.
Sino porque no sé como hacerlo

Los mensajes son tan profundos, tan hermosos, que de cierta forma, me paralizan

Después de una sesión con mi psicóloga, entendí de algo que me incomodó bastante:

Me cuesta recibir.

Recibir admiración.
Recibir reconocimiento.
Recibir atención.

Hay una parte de mí que se emociona.
Y otra que automáticamente duda.

Como si no terminara de entender que todo esto es resultado de mi esfuerzo, de confiar en mi proyecto durante años, cuando la mayoría dudaba y de defenderlo con todas mis fuerzas. 

Y lo más loco de todo es que esto no me pasa solo con este premio.

Me pasa cuando leo sus reseñas.

Cuando dicen cosas como:
“me cambió la piel, por primera vez puedo mantener mi rutina”
“no puedo creer los resultados, alma me salvó”

Me emociona.
Pero al mismo tiempo aparece esa vocecita:

“¿de verdad sienten eso?” “¿no estarán exagerando?”

Como si todavía no terminara de creérmelo YO.

Y me da un poco de vergüenza decir esto.

Porque uno pensaría:
¿cómo no vas a poder recibir algo lindo?

Pero hablando con Alfon y otras mujeres, me doy cuenta que es más común de lo que parece.

Creo que muchas aprendimos a dar, a hacer, a esforzarnos…
pero no necesariamente a recibir.

Recibir sin justificar.
Sin minimizar.
Sin devolver rápido para equilibrar.

Solo recibir.

Dejar que algo lindo te llegue y se quede.

Y no es tan fácil.

Al menos para mí, no lo es.

Por eso este mensaje.

Quiero agradecer de la forma en que me sale en este momento. 

Pero no un gracias automático.

Un gracias real.

De esos que todavía estoy aprendiendo a sostener.

Porque hay algo más que se me hizo muy claro estos días.

Este premio no es solo mío.

Cuando lo recibí dije que era para las mujeres emprendedoras.

Y lo siento así.

Pero también es para ustedes.

Para las que confiaron cuando nadie lo hacía.

Las que compraron cuando cuando a alma no la conocía nadie, cuando no habían reseñas, no habían fotos de antes y después, cuando todo era incierto y solo éramos dos mujeres con un sueño y un producto.

Siempre pienso en eso como entrar a un restaurante vacío.

No sabés qué va a pasar… pero igual entrás.

Eso es confiar.

Y no es menor.

Si hoy estamos acá, es porque hubo mujeres que hicieron eso.

Que se animaron antes que el resto.
Que sostuvieron algo que todavía no estaba validado.

Y eso, para mí, es un agradecimiento que no tiene fin.

A las que están hace años.
A las que llegaron después.
A las que se van sumando.

Todo esto también es de ustedes.

Yo todavía estoy aprendiendo a recibirlo.

Pero no quería dejar de decirlo.

Gracias, de verdad.

Lucre

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